La cuina, la gran damnificada de la recuperació

Torna el turisme desbocat i determinats xefs i restaurants tornen també als vicis de sempre. No n’aprenem. A voltes intento imaginar-me com hagueren reaccionat alguns dels intel·lectuals de fa uns anys. Tots aquells escriptors importants que, afeccionats a la gastronomia, també escrivien, de tant en tant, articles sobre menjar. Ofici desaparegut el de conjuminar intel·lecte amb bon paladar. En fi, els deixo amb un dels articles que tinc a l’arxiu. L’enyorat Néstor Luján a finals del 1980s així ho veia des del dominical de La Vanguardia.


El Caso de la tortilla de patatas (Néstor Luján)

Recientemente y en una ciudad cuyo nombre no viene a cuento, regresaba a mi hotel hacia las diez de la noche dispuesto a no cenar. Había asistido a un banquete y estaba más que ahíto. Casualmente, y ya con la llave de la habitación en la mano, topé con un viejo amigo, personaje de un indudable prestigio como escritor gastronómico. Hacía tiempo que no nos veíamos y me invito a cenar. Yo, que no ceno casi nunca, le opuse la más discreta de las negatives, arguyendo -y era absolutamente cierto- que la comida del mediodía había sido no demasiado sabrosa, pero sí abundante. Insistió. Tomamos un aperitivo y como la conversación era muy grata decidí acompañarle a cenar poniéndole como condición que yo comería tan solo una simple tortilla de patatas. Le hice ver que debíamos escoger un restaurante donde fuera muy conocido y se plegaran a la petición de este plato, que es una de las glorias de la cocina española. Me dió todas las seguridades y le acompañé.

Cuando llegamos al restaurante con solo ver su apariencia ya me asaltaron las primeras sospechas. Era un establecimiento que conocía de nombre, a la moda y regido por un cocinero célebre por eso que se llama la cocina inventiva.

Entramos, me presentó al amigo, se alborotó el cocinero y dijo que inmediatamente nos iba a ofrecer unas primicias que esperaba que nos embelesaran. Antes de que prosiguiera le hice saber que solamente quería tomar una tortilla de patatas dándole las explicaciones de rigor y prometiéndole que, en otra ocasión, con el apetito más aclarado, gustaría sus exquisiteces. Mi anfitrión me apoyó y le dijo que con esta condición yo había aceptado ir a cenar, ya que no era costumbre que lo hiciera y, por otra parte, había ido a un banquete, etc., etc. No quiso oír nada nuestro brillante cocinero: nos instaló y partió presuroso a ordenar una minuta que debía fascinarnos.

Llegó la primera de sus creaciones: una tártara de pescados, o sea, pescados crudos -creo que era una dorada-, con salmón, huevos, alcaparras, cebollas y pimiento rojo. Le hice ver que, amén que no me agradaba el pescado crudo, yo no aspiraba otra cosa que a comer una modestísima tortilla de patatas. Insistió en que gustara el plató y le repetí que no se ofendiera pero que no me interesaba en absoluto. Retiró el plato cariacontecido y volvió al cabo de un rato con otro plato de pescado servido en pequeñas porciones -era merluza- cubierto con una salsa blanca ligera y encima de cada porción una cococha casi cruda. Igualmente le volví a repetir que todo aquello estaba muy bien, pero que yo acudía a su casa como cliente, y le pedía una tortilla de patatas, y que si podía favorecerme con ella se lo agradecería mucho; si no quería servirla que me lo dijera y me iría al hotel. Rió con estrépito. Dos o tres platos más de esta índole fueron ofrecidos, en este caso ya de carne -un pato con salsa de fresones estremecedor-, porque creyó que lo que no me gustaba era el pescado. Yo cada vez porfiaba por mi cada vez más problemática tortilla de patatas. Hasta que al final cometí una indelicadeza irrepetible: me indigné.

Entonces él me dijo, casi desafiante: «Como le voy a dar una simple tortilla de patatas la primera vez que viene usted a mi casa!». Ante esto me creí obligado a relatar lo siguiente: «Si usted me permite, le voy a contar una anécdota. Como usted sabrá, uno de los mejores cocineros de este siglo fue Fernand Point, el de La Pyramide de Vienne, en Francia. Tenía la mayor clientela del mundo y entre ellos a una dama francesa que gustaba mucho de su cocina. Y en una ocasión esta dama le rogó que admitiera a su cocinera, que no era mala ni carecía de disposiciones, ya que cocinaba perfectamente los huevos al plato y las tortillas. A lo que el gigantesco Point, con voz tonante, estalló: “Mire usted, señora, hace cuarenta años que practico la cocina y con no escaso éxito. Pero todavía no considero que sepa hacer a la perfección unos huevos al plato ni una tortilla. Conserve su cocinera, por favor». Contado esto añadí entonces, ya bastante descompuesto: «Lo que pasa es que usted no me ha hecho la tortilla de patatas porque para hacerla se necesitan unas patatas irreprochables, unos huevos de primera calidad, un aceite extraordinario y saber freírla. Por lo que he visto que usted presenta en su casa, me parece que sus platos son meras apariencias, mezclas incongruentes, una presentación teatral y nombres relumbrantes. Y su caso no es que no quiera darme una tortilla de patatas, es que no puede hacerla con un mínimo de decoro. Ahí le dejo, con sus ahumados y macerados, con sus kiwis y pimienta verde, con su crea de leche que es la panacea universal. Para mí, con sus estrellas, sus soles y sus puntuaciones es un cocinero nulo que no sabe freír un huevo». Y así fue cómo, un tanto ridículo en mi iracundia, me quedé sin mi tortilla de patatas, deseándola como nunca.


Nota: Parlant de truites he afegit un video per aquells que estiguin encuriosits en com fer una bona truita.

Una classe política perillosa

Dues notícies: la primera, les relacions de la Sánchez-Camacho amb el Villarejo. No interessa pas per la protagonista –una degenerada de la qual es pot esperar qualsevol baixesa–, sinó perquè demostra els danys provocats pels bípedes anticatalans encastats al sistema polític català vigent. S’està destapant que durant anys hem patit les accions d’aquells que, aprofitant el tradicional bonisme del «tots som igual de catalans», han minat el país. Aquells que en un altre indret civilitzat serien estigmatitzats i rebutjats, aquí no. Doncs passeu i mireu-ne els resultats. La Sánchez-Camacho és el prototipus grotesc, ridícul –repugnant, si voleu–, del polític que es reclama català però que, designat per Madrid, té encomanada la missió d’enfonsar la nostra nació. Amb més o menys grau de degeneració, són així tots els polítics elegits a Catalunya de partits no catalans: PSOE, PP, VOX, Ciudadanos (DEP), etc.

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Col·laboracionisme català amb les clavegueres

Vaig mirar, amb atenció, l’entrevista que el programa FAQS va fer al senyor Josep Pujol Ferrusola. El senyor Pujol Ferrusola va deixar clars alguns fets que no n’estaven gaire, de clars. Per exemple, que la deixa que el seu avi va testar era per a la família, sense que el president Pujol se’n beneficiés. Si ho vaig entendre bé, el president Pujol, d’aquells diners, no en rebia ni un euro. De pas, el senyor Pujol Ferrusola va parlar del comissari Villarejo, que dies abans, en el mateix programa, havia assegurat que el cas Pujol era un muntatge per perjudicar l’independentisme. El senyor Pujol Ferrusola va confirmar el fet arran una entrevista entre ell i l’inspector.

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Català a l’escola? Parlem-ne

Aquestes darreres setmanes hi ha hagut enrenou amb el català a l’escola. Bé, enrenou legal, per ser precís. El sidral s’ha tancat amb una llei que diuen que faran. I un decret que diuen que, temporalment, pararà el cop que els jutges van etzibar al sistema d’immersió. Els darrers anys m’envaeix un escepticisme –que crec justificat– vers tot allò que emana del poder polític. Passo a dir-hi la meva.

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Reprendre la iniciativa (Volem la independència? i 5)

Article continuació de https://www.parlemclar.cat/4-lideratges-audacos-serie-volem-la-independencia/

La consigna final seria; més traça que pes. Acabo aquesta sèrie mirant d’apuntar algunes fórmules que ens poden ajudar a superar la inacció que he destacat en els anteriors articles. Vist l’escenari dels ànims generals, el rol dels partits polítics i els lideratges actuals, voldria proposar un conjunt de línies que passarien, en termes generals, per la represa de la iniciativa. Fins al 2017, un dels principals motors i èxits de l’independentisme català va ser una gran audàcia, amb la capacitat de passar al davant del rival i fins i tot sorprendre’l a cada passa. Atès que en potència econòmica, comunicativa i diplomàtica el Regne d’Espanya s’ha mostrat molt robust, l’agilitat és indispensable. Aventurem a continuació algunes possibles claus d’una represa;

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Aquí, ni el populisme és homologable

Hi ha una dificultat evident a l’hora de trobar equivalències entre les coses que passen a Espanya i les que passen a la resta de la Unió Europea. Els Pirineus tornen a ser una barrera. Hi té un paper importantíssim la premsa –en el sentit més ampli: paper, televisió, ràdio, etc. La informació internacional útil, en els mitjans catalans, per exemple, és gairebé nul·la. L’aïllament que estem patint els darrers anys és molt preocupant, sobretot perquè es tracta d’un fenomen transversal.

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